La lluvia resbala por los cristales de mi ventana. Se deshacen los recuerdos en las gotas de agua. Todos esos sueños caen y se reúnen allá, en el gran charco, donde nadie les hace caso, donde nunca se cumplirán. El lugar donde todas las ilusiones frustradas van a parar. El cielo de los buenos pensamientos.
Y la lluvia sigue cayendo, y cayendo, y cayendo. Sin parar. Como un río de lágrimas que quieren ir más allá, que no se conforman, que tuvieron mala suerte y nunca volverán a alzar la mirada.
Las nubes están cargadas de frustraciones. Quieren desaparecer, pero no pueden, no pueden porque están condenadas a vagar por ahí, a dirigirse a ninguna parte, sin rumbo, hasta el final de los tiempos. Sienten impotencia, y lloran; lloran para mostrarle al mundo su infelicidad.
Y desde mi ventana miro la lluvia caer y me contagio de toda esta desdicha que irradia la naturaleza.


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